Un plan personal de retiro (PPR) funciona con aportaciones constantes que haces de forma periódica, normalmente cada mes.
En lugar de intentar ahorrar grandes cantidades de golpe, el objetivo es aportar una cantidad que puedas mantener en el tiempo.
Cada aportación se acumula y, con el paso de los años, tu dinero comienza a crecer. No solo por lo que ahorras, sino porque ese dinero puede generar rendimientos.
La clave está en la constancia.
El plan se adapta a tu capacidad de ahorro, para que puedas mantenerlo sin afectar tu día a día.
Mientras más tiempo mantengas el plan, mayor será el crecimiento. Por eso, empezar antes —aunque sea con poco— puede hacer una gran diferencia en tu retiro.
No necesitas empezar con mucho, necesitas empezar a tiempo.